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NUNCA MÁS ESTARÉ SOLO

Un día Julia fue al panteón a visitar la tumba de su padre, la arreglaba y llenaba de flores. Siempre iba temprano, porque no le gustaba q hubiera tanta gente, en fin, ese día se sentó en una gran piedra que estaba a un costado de la tumba y se puso a platicar con su padre, de repente, detrás de ella estaba un niño como de 8 años.

A ella se le hizo extraño, porque el niño estaba solo y ella le preguntó que hacía ahí, dónde estaban sus padres.

El pequeño contestó, que no sabía.
— "Me dejaron aquí y me siento muy solo, nadie viene a verme. Ya hace más de 10 años y sigo solo".

Cuando ella escuchó eso, se levantó en seco y un tanto titubeante, con los ojos saltados le preguntó:
— "¿De donde vienes?".

Él con su dedo apuntó hacia una tumba vieja, y muy descuidada.

Julia quiso correr y gritar pero estaba paralizada, no se podía mover. Se acercó lentamente a esa tumba y estaba escrito el nombre de 'Pedrito Elizondo'  '1998-2008'.

El niño le dijo:
— "Yo me llamo Pedrito, ¿Y tú?".

Ella no contestó, esperó un poco para asimilarlo.

Después de un rato ella pensó que a lo mejor necesita ayuda para poder descansar, así que le dijo.
— "¿Qué es lo que quieres?".

Y él le contestó:
— "Quiero ver a mi mamá ...

Ella me trataba mal; pero no era su culpa. El hombre con el que estaba, él si era malo, me lastimaba y me golpeaba. Pero mi madre nunca me creyó, cuando se lo decía no me creía. Ella trabajaba todo el tiempo, siempre me dejaba solo con él.
Cuando llegaba a casa y me encontraba golpeado, él le mentía, le decía que me había caído jugando o de la bicicleta y ella le creía".

Yo lloraba mucho. Desde los cinco años me empezó a maltratar, tanto que a los ocho ya no sentía los golpes o las cosas que él me hacía. Un buen día tomé una botella de un líquido que mamá guardaba para los insectos que había en casa y como no había nadie, la bebí".

— "¡Pobre niño!", exclamó Julia.
"¿Y tu mamá dónde está?"

Pedrito le dijo donde vivían y con detalle lo que había cerca de su casa.

— "No sé si todavía viva ahí; pero me gustaría verla de nuevo. ¿Me puedes ayudar para volverla a ver?", le dijo el niño.

A lo q ella contestó:
— "No te prometo nada pero lo voy a intentar".

El niño sonrió y desapareció.

Ella arregló un poco la tumba de aquel niño y le puso algunas flores que había llevado para su padre y salió de ahí. Ya en su carro, no dejaba de pensar en aquel niño.

"Pobre criatura, cómo le pudieron hacer eso", se preguntaba.

Se le vino a la mente la sonrisa de aquel niño y quiso intentar buscar a su madre. Fue a la dirección que le dijo y encontró una casa vieja que parecía deshabitada; pero no lo estaba.

Julia bajó de su coche y tocó la puerta.

Una señora muy descuidada le abrió la puerta.

Julia le dijo:
— "Disculpe, ¿Usted conoce a Pedrito Elizondo?".

La mujer al escuchar ese nombre se soltó en llanto y dijo:
— "Si, era mi hijo, hoy cumpliría 20 años. Falleció a los ocho ...
¿Y usted como supo que aquí vivía".

Julia dijo:
— "¿Podemos sentarnos para platicarle?".

En eso se escucharon unos gritos de un hombre ebrio, insultándola y queriendo golpearla.

Julia como pudo la defendió y la saco de ahí, la subió a su coche y se fueron.

Se detuvo cerca del panteón en un parque y ahí se sentaron a platicar. Julia le contó lo que había pasado ese día; pero la señora no creía.

Julia le relató todo lo que ese hombre le hacía a su hijo cuando llegaba a su casa y por qué el niño siempre estaba golpeado.

Aquella mujer se soltó en llanto de nuevo. Julia le preguntó por qué nunca visitó la tumba de su hijo y ella contestó:
— "Ese hombre no me dejaba salir, ni a trabajar, me tenía encerrada, me golpeaba, hasta ahora que llegó usted.
Cuando murió mi hijo, él se puso agresivo conmigo, me lastimaba, me usaba, me golpeaba muy fuerte; fue ahí cuando entendí que mi hijo decía la verdad; pero ya era demasiado tarde".

"El está muerto por mi culpa, por no creerle".

— "Señora", le dijo Julia. "Su hijo está triste, se siente solo y quiere verla para poder descansar en paz.
Vamos, estamos cerca del panteón".

— "Necesito pedirle perdón a mi hijo", dijo la señora.

Juntas llegaron al panteón, se acercaron a la tumba, y ella comenzó a llorar a gritos y a pedirle perdón a su hijo.

— "¡Perdóname por no creerte!, ¡Perdóname por haber metido a un monstruo en nuestra familia!".

Julia la vio tan arrepentida que la dejó sola y salió a comprar unas flores para que ella arreglara la tumba del pequeño.

No tardó ni 20 minutos en volver y vio a la señora recostada medio cuerpo sobre aquella tumba, pero sin un solo ruido, ni un sollozo, nada. Julia se acercó, le habló pero ella no contestaba, su cabello cubría su cara.

Julia insistía ...
— "¿Se encuentra bien?", levantó su cabello y en rostro tenía dibujada una sonrisa.

La mujer yacía muerta sobre la tumba de su hijo.

Julia no supo que pasó en esos 20 minutos que salió y ya no quiso saber más. Reportó el hallazgo a los vigilantes y ellos se encargaron del resto.

Julia salió de ahí y como una ráfaga de viento al silbar, le susurraron al oído:
— "¡Gracias, nunca más estaré solo!".

Y Julia salió de ahí.

Los siguientes años y en la fecha que visita el panteón, no a vuelto a verlo, solo deja un ramo de flores en su tumba, ya con su madre en ella. Al poner las flores se suelta una ventisca y ella sabe que es Pedrito, quien ahora se encuentra feliz a lado de su madre.

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